"No te preocupes. Ocúpate"
Tiempo de Lectura: 15 minutos
Publicado originalmente el 29.11.24
(Alerta de Frase Cliché)
La “Mala Prensa” de las Preocupaciones
Vuelvo a las distinciones que tienen “mala prensa”. Hoy es el turno de las vilipendiadas “preocupaciones”. Siguiendo el ejercicio que realicé el newsletter pasado sobre “Yo Amo mi Zona de Confort”, comienzo con algunas frases que encontré en las RRSS sobre las Preocupaciones.
La preocupación es el pensamiento concentrado en algo negativo
Preocuparte es ocuparte antes de…
La preocupación proyecta una gran sombra sobre una cosa pequeña
La preocupación es una pérdida total de tiempo, no te hace cambiar nada y todo lo que hace es robar tu energía
Las mentes pequeñas tiene pequeñas preocupaciones, las grandes no tienen tiempo para preocupaciones
Preocuparse es usar tu imaginación para crear algo que no deseas
Preocuparse es estúpido. Es como caminar con un paraguas abierto esperando que llueva.
El miedo y las preocupaciones retrasan nuestro destino. No le demos lugar en el pensamiento.
Todas estas frases, de alguna manera, se conjugan con la frase clásica sobre las preocupaciones:
No te preocupes. Ocúpate.
Esta frase me cautivó hace 20 años atrás, desde que la escuche por primera vez en el programa de Coaching que tomé. Nunca la cuestioné y como sonaba poderosa, motivadora y desafiadora… la compré, sin más. Hoy ya la deseché. Entró en mi categoría de “frases clichés”, frases que se usan con mucha facilidad, pero que no han sido debidamente reflexionada, analizadas, ni cuestionadas. Te invito a revisarla a fondo.
“No te preocupes. Ocúpate.”: nos muestra una dicotomía entre dos acciones, planteadas como excluyentes. O sea, haces una o haces la otra. Es decir, quien se preocupa no se podría ocupar. Y a la vez, quién se ocupa no podría haberse preocupado antes. El “antes” no es menor, porque las acciones de preocuparse y ocuparse tienen un orden cronológico único; de ahí el prefijo “pre”.
Hace un tiempo atrás, trabajando la maravillosa práctica estoica de la Tricotomía de Control (de la que ya escribiré), me pregunté si yo podía ocuparme sin antes haberme preocupado. Chuta... me costó mucho encontrar acciones en que me ocupara así de la nada, como en un “vacío”.
Llegué a la conclusión que mis acciones que no requieren de preocupaciones son acciones que se podrían catalogar en tres ámbitos:
Aquellas que responden a acciones que satisfacen necesidades inmediatas, que no requieren de ningún grado de preocupación previa. Por ejemplo, que mi pareja me pida que le lleve un vaso de la cocina.
Acciones para resolver un problema práctico pequeño. Por ejemplo, se me dio vuelta un vaso con agua y tengo que secar la superficie que mojé.
Acciones no conscientes, que realizo en “piloto automático”, normalmente muy rutinarias. Por ejemplo, al manejar un auto mecánico no ando preocupado de cómo paso los cambios, sencillamente los paso.
Para todas las demás, tengo que preocuparme, en particular en aquellas que involucran a terceros, ya sea en el ámbito de pareja, familiar y profesional. Ejemplos varios de preocupaciones, legítimas:
Me preocupa la salud de mi madre, por lo que hablaré con mis hermanos a ver qué podemos hacer al respecto, invitándolos a que nos juntemos por Zoom esta semana.
Me preocupa no llegar atrasado a la reunión que tengo mañana temprano, dado ello pondré el despertador media hora antes de lo normal. El cambio de hora del despertador del celular no aparece de la nada, desde un “vacío”. Se genera de mi preocupación de no llegar tarde a ver a ese cliente. Es decir, me preocupo y luego… me ocupo.
Me preocupa poder terminar adecuadamente el informe que tengo que presentar el próximo jueves, además de las dos propuestas que tengo que entregar el viernes. Dadas mis preocupaciones, asigno y reservo los tiempos en que llevaré a cabo cada una de estas labores.
Si te das cuenta, mis preocupaciones no hacen que me ocupe inmediatamente, porque no podría hacer todo lo descrito a la vez, sino que estructuro mí tiempo acorde a la prioridad de mis preocupaciones. Consecuentemente, una agenda diaria se podría describir como una manera de organizar y anticipar mis tareas de manera consciente. Develo mis preocupaciones y las agendo. En su momento me ocuparé de cada una de ellas. Se da el orden cronológico de preocuparse para luego ocuparse. Una agenda, por tanto, perfectamente se podría resignificar como un listado ordenados de preocupaciones, que nos llevará a futuras acciones.
¿Qué tendría de malo preocuparse en estos casos? Sobre todo si luego me voy a ocupar.
Te invito a volver a leer las frases del comienzo teniendo lo recién descrito en vista.
Preocupaciones de Vida
Los seres humanos nos preocupamos. Es una condición natural en cada uno de nosotros. Si te desafiara a encontrar a alguien entre tus conocidos que no tiene ni una sola preocupación, lo más probable es que no pudieses identificar a nadie. Nos preocupamos, es un hecho. ¿Y qué será esto de preocuparnos?
Etimológicamente hablando, la palabra preocuparse proviene del latín praeoccupāre, que está formada por 2 elementos:
1. Prae: Un prefijo que significa "antes" o "por adelantado".
2. Occupāre: Verbo que significa "ocupar", "apoderarse" o "adueñarse de algo".
En su origen, praeoccupāre significaba "anticiparse" o "apoderarse de algo antes de que otros lo hagan". Con el tiempo, el término evolucionó hacia el sentido de "anticipar mentalmente" o "adelantarse con el pensamiento", lo que luego derivó en el uso moderno de "preocuparse", asociado a la anticipación de posibles problemas o riesgos.
El uso moderno de "preocuparse" tiene una connotación emocional y mental: pensar en algo con inquietud o ansiedad antes de que ocurra. Esta evolución refleja cómo nuestra mente puede "ocuparse por adelantado" de situaciones, incluso cuando aún no sean reales. Por aquí va el “preocuparse” que describen las frases del comienzo de este texto.
Si me voy al diccionario no etimológico, la palabra "preocupar" significa lo siguiente:
Dicho de algo que ha ocurrido o va a ocurrir: Producir intranquilidad, temor, angustia o inquietud.
Ocupar el pensamiento en algo.
¿Ocupar el pensamiento en algo? Resulta interesante entonces, preguntarnos a nosotros mismos en qué ocupamos el pensamiento en el día a día. Desde una mirada práctica, esto de saber de qué nos preocupamos, nos permite “cuantificar” la energía que gastamos diariamente en ello, por un lado. Por otro lado, identificar la "calidad" de nuestras preocupaciones, es decir, de qué vale la pena preocuparse y de qué no.
Para profundizar en ello, te presento a Epicteto (50 d.C. - 135 d.C.), un filósofo griego de la escuela de la Filosofía Estoica, que vivió parte de su vida como esclavo en Roma. Epicteto, ya hace más de dos mil años atrás, nos invitaba a cuestionarnos la fuente de nuestras preocupaciones, preguntándonos qué cosas dependían de nosotros y qué no.
En cuanto a todas las cosas que existen en el mundo, unas dependen de nosotros, otras no dependen de nosotros. De nosotros dependen; nuestras opiniones, nuestros movimientos, nuestros deseos, nuestras inclinaciones, nuestras aversiones; en una palabra, todas nuestras acciones. Las cosas que no dependen de nosotros son: el cuerpo, los bienes, la reputación, la honra; en una palabra, todo lo que no es nuestra propia acción".
La invitación estoica es a preocuparnos y ocuparnos de aquellas cosas de las que tenemos control. Y si nos damos cuenta de que no tenemos control sobre ciertas cosas, siempre tenemos control de cómo reaccionamos frente aquellas cosas que no podemos controlar, cuestionándonos cómo nos afectan tales circunstancias.
Preocupaciones Funcionales y Disfuncionales
Como de todos modos nos vamos a preocupar por lo que nos importa (no nos preocupamos por cosas que no nos importan), la idea es que nos cuestionemos cuánto tiempo gastamos en nuestro día a día preocupándonos por temas de los cuales tenemos cero control. Esto lleva a una segunda pregunta:
¿cuánto tiempo dejas de invertir en cosas/tareas en las cuales si tienes control? Dicho esto, propongo la coexistencia de dos tipos de preocupaciones:
Preocupación Disfuncional – Es la "ladrona" de energía, la que no nos lleva a ningún camino de solución sobre el tema en cuestión, ya que no tenemos incidencia alguna para hacernos cargo de tal preocupación. La inquietud que produce, normalmente se asocia a una emocionalidad propia de no ver posibilidades futuras, incluso de ni siquiera buscar tales posibilidades. Aparecen la angustia, ansiedad y estrés al estar permanentemente en este tipo de preocupación disfuncional. Estas son las preocupaciones de las frases del inicio.
Preocupación Funcional - Es la “movilizadora” de energía, la antesala de la acción, aquella que nos invita a actuar, la que nos gatilla a generar cursos de acción, a ocuparnos. Corresponde, por lo tanto, a un tipo de preocupación de buena calidad, preocupaciones por las cuales bien vale la pena “ocupar el pensamiento”. Estas son las preocupaciones de las agendas diarias y/o semanales.
Además, las preocupaciones funcionales son aquellas en las que definitivamente puedes tener incidencia en la solución de aquello que las origina, quizás no bajo la certeza concreta de que obtendrás el resultado esperado, sin embargo, sabiendo que tus acciones afectarán de alguna manera dicho resultado.
Dicho lo anterior, sostengo que es difícil “ocuparnos" si antes no nos hemos preocupado “funcionalmente”.
Tomando consciencia de ambos tipos de preocupaciones, la invitación es reconocerlas en tu día a día. Identificadas, nos acerca a la Ataraxia (tranquilidad del alma), soltando todas aquellas preocupaciones que son disfuncionales, dado que nada podemos hacer con ellas. Liberados de ellas, nos podemos ocupar de aquellas preocupaciones funcionales que, si dependen de nosotros llegar a buen puerto, ya sea en parte o en su totalidad. De este modo, nos hacemos cargo de nuestro actuar, con el consiguiente beneficio de enfocar nuestra energía y acciones en aquello en lo que si tenemos algún grado de influencia o control directo, es decir, dominio sobre el resultado.
Las "otras" frases
Tengo que ser ecuánime (bueno en realidad no “tengo”, quiero serlo) contándote que encontré otro tipos de frases sobre las preocupaciones. A ver qué te parecen.
Las preocupaciones deben llevarnos a la acción, no a la depresión.
Estar preocupado es ser inteligente, aunque de un modo pasivo. Sólo los tontos carecen de preocupaciones.
Si estás lo suficientemente preocupado por un resultado, posiblemente harás algo para solucionarlo.
No debo preocuparme por aquello sobre lo que no tengo control.
Como puedes ver, en estas frases las preocupaciones tienen emocionalidades distintas a las del primer grupo. Éstas nos invitan a la acción, validando la utilidad de preocuparnos.
Te quiero hacer una invitación, con visos de desafío. Te invito a que cuando leas sobre preocupaciones o escuches sobre ellas, le pongas apellido. ¿Estarán hablando de preocupaciones funcionales o disfuncionales?
Extendiendo aún más el desafío, te invito a que te cuestiones tus propias preocupaciones, distinguiendo cuáles son de “calidad”, las funcionales (de las que te tienes que hacer cargo) de aquellas preocupaciones “ladronas de energías”, disfuncionales, que bueno sería dejarlas volar.
¿Será?
“No te preocupes. Ocúpate.”
Análisis final de la frase:
Si la preocupación es disfuncional… efectivamente no me voy a preocupar, como tampoco ocupar. O sea, no ha lugar la frase.
Si la preocupación es funcional… me debería preocupar, para luego ocuparme. O sea, no ha lugar la frase.
Gracias por haberme acompañado hasta acá.