Liderazgo con Apellido (Equipo también)
En el mundo corporativo, hemos romantizado conceptos hasta vaciarlos de significado, palabras que esconden más de lo que revelan. Aplicando la lógica de Aristóteles, descubriremos por qué "Equipo" y "Líder" son sustancias neutras que bien merecen apellidos para cobrar sentido real.
“Somos un equipo” o “eres un líder” no dice casi nada. Toca ponerles apellido.
Existen palabras que poseen un aura intrínseca, que parecen venir con una carga positiva incorporada. En contextos organizacionales, de muchas palabras que he encontrado, hay dos que sobresalen: Equipo y Liderazgo
En el imaginario popular y en la creciente “autoayuda-organizacional” estás dos palabras son “bienes en sí mismas”. Veamos.
Sin análisis ni profundidad semántica, equipo suena a colaboración, sinergia, confianza, objetivos compartidos y metas cumplidas. En el caso la palabra líder, suena a un ser motivador, claro en su propósito, empático y un gestor que logra los resultados declarados.
Segunda Lectura
Profundicemos en la palabra Equipo. Como acabamos de ver tiene atributos asociados “per se”. De hecho, podemos enorgullecernos del conjunto de personas con que trabajamos en la empresa con sólo decir “Somos un Equipo”.
El problema, a mi juicio, es asumir indebidamente que la efectividad de un equipo es parte de su denominación.
La “autoayuda-organizacional”, en su afán de simplificar a un extremo insensato sus apuestas, le ha puesto nombre a equipos que no son efectivos. Le llaman grupos, y su sólo nombre arrastra características asociadas a cierre de posibilidades: conjunto desorganizado de personas, sin objetivos definidos, con conflictos latentes, donde prevalece la desconfianza y se carece de un liderazgo proactivo. Esto, por cierto, no es necesariamente así, ya que existen grupos (estructura de trabajo distinta a los equipos) que funcionan adecuadamente.
De estas falsas dicotomías entre los atributos de un equipo y un grupo están llenas las redes sociales, en particular en LinkedIn.
Lo mismo ocurre en el caso de un líder que tienen adheridos atributos positivos en su denominación. Su opuesto no es un mal líder, sino un Jefe. Entonces el Jefe es todo lo que no es un Líder: manda en vez de liderar, trabaja para sí mismo, es autoritario, poco colaborativo y definitivamente no escucha respetuosa ni empáticamente a su gente. Nuevamente se cae en una falsa dicotomía.
Aporte Aristotélico
En la Metafísica, el filósofo griego Aristóteles distingue entre dos conceptos esenciales para este análisis:
Sustancia (ousía) – lo que una cosa es en sí misma. Es el sustento básico que hace que una cosa sea lo que es y no otra cosa. De hecho, Aristóteles planteaba que la sustancia no tiene contrario. Un hombre es un hombre: no hay un “contrario de hombre”.
Accidentes (symbebkós) – lo que le ocurre o las cualidades que puede tener una sustancia, pero que no definen su esencia. Los accidentes son las características que "caen" sobre la sustancia. No pueden existir por sí solas (el "color azul" no transita por la calle, transita un "auto azul"). Los accidentes califican a la sustancia: cantidad, cualidad, relación, lugar, etc. Los accidentes pueden cambiar, sin embargo, la sustancia continúa siendo sustancia (el caballo sigue siendo caballo aun estando cojo).
Cabe mencionar que etimológicamente la palabra Accidente posee como verbo raíz accidere = caer sobre, suceder, ocurrir. Viene de ad- (hacia, sobre) y cadere (caer). Literalmente: "lo que cae sobre" algo. Es decir, son las cualidades que caen sobre la sustancia desde afuera, sin formar parte de la esencia.
Con el tiempo esta acepción se fue perdiendo hasta relacionar accidente con un suceso imprevisto, generalmente dañino. Por lo mismo, para efectos del desarrollo de este texto, me tomaré la libertad de cambiar accidente por atributo, porque hoy la palabra accidente nos desvía hacia lo imprevisto, y no hacia lo que Aristóteles quería nombrar: aquello que cae sobre la sustancia.
Sustancias con Atributos – La Fórmula de la Claridad
En el afán de graficar lo expuesto, propongo una fórmula de distinciones específicas, que clarifica conceptos.
Distinción específica = denominación de la sustancia + atributo asociado a su esencia
Bajo esta mirada, la palabra Equipo (así en solitario) sólo denomina el nombre de la sustancia, sin tener atributos asociados. Lo mismo ocurre con la palabra Líder.
Si seguimos la lógica de Aristóteles, estas dos palabras que nos convocan tienen una sustancia que las distingue y diferencia de otras sustancias cercanas.
Un equipo, dada su naturaleza, es un conjunto de personas con roles heterogéneos e interdependientes, que trabajan hacia una meta común. Todo equipo (organizacional o deportivo) cumple con este fundamento de base. La palabra equipo considera un plano descriptivo de la sustancia; denominación que es neutra. No posee juicios asociados. Al mencionar equipo, no sabemos si existe confianza entre sus miembros, si se colaboran, si resuelven sus conflictos, si generan compromisos alineados, si hacen seguimiento a las responsabilidades mutuas que poseen, y en última instancia, tampoco sabemos si logra sus objetivos o no.
Veamos un ejemplo en el plano deportivo. Supongamos una liga de futbol profesional que consta de 20 equipos. Dada su estructura de organización e interdependencia de roles, los equipos que al final de la temporada caen a segunda división comparten la misma sustancia con aquellos equipos que salen campeones. La gran diferencia está en sus atributos. Y es justo allí dónde la palabra equipo no es suficiente para describir lo que cada equipo vive internamente.
Similar análisis se puede realizar con la palabra líder. Líder es una persona que influye en otros, logrando movilizarlos hacia un fin (sin calificar si tal fin es ético o no). Bajo esta denominación de la sustancia líder caen personajes como Churchill, Hitler, John F. Kennedy y Trump. Nuevamente, al no ser explicitado los atributos, la denominación de líder a secas, deja demasiadas posibilidades abiertas.
Necesidad de Apellidos
“Somos un equipo” describe lo que son, no cómo son.
¿Son un equipo de alto desempeño o mediocre?
¿Son un equipo cohesionado o fragmentado?
¿Son un equipo conflictivo o colaborativo?
“Ese persona sí que es un líder” describe lo que es, no cómo es.
¿Es un líder empático o autoritario?
¿Es un líder relacional o enfocado solo en los KPI?
¿Es un líder transaccional o transformacional?
¿Es un líder que valida que el fin justifique los medios o es un líder ético?
Para poder especificar adecuadamente de lo que estamos hablando deberíamos - a mi juicio - sumarle un apellido a la palabra que denomina sólo la sustancia. El apellido será el o los atributos que distinguen esta sustancia de otras sustancias.
Al observar sustancias idénticas con distintos atributos, podemos darnos cuenta qué tipo de esencia particular y distintiva enfrentamos.
“Ese empleado posee mucha actitud”
Considerando que la actitud es una disposición aprendida a responder a cierta manera ante ciertos estímulos, ¿qué apellidos podríamos ponerle al nombre actitud?
Actitud de aprendizaje
Actitud defensiva
Actitud de víctima
Actitud propositiva
Actitud tóxica
Actitud resiliente
Actitud crítica
Actitud pasiva
Sin apellidos, estamos a ciegas. Bueno, siempre podemos suponer que cuando se menciona actitud estamos adjuntando atributos positivos, pero… es sólo un supuesto.
En la misma categoría de equipo, líder y actitud pueden caer las siguientes sustancias:
Cultura
Pasión
Democracia
Familia
Matrimonio
Paz
Cada una de estas palabras podría determinar comportamientos inadecuados, sin dejar de ser lo que son.
Liderazgo con atributos
Considerando lo ya analizado, si definimos a alguien cómo líder no estamos señalando si es un buen o mal líder, sólo que influye en otros hacia un objetivo específico.
Entonces la pregunta relevante no es “¿eres un líder?”, sino “¿qué tipo de líder estás siendo hoy?"
Como primer paso, pongámosle apellido al liderazgo. No todo liderazgo es igual. Piensa en un líder con quién hayas trabajado (o en ti mismo) y anda seleccionando los atributos a tu juicio posee de las opciones que a continuación describo:
Uso del poder: autoritario, paternalista, democrático, delegativo
Relación con personas: empático, servidor, distante, tóxico
Orientación: a tareas, a resultados, a procesos
Influencia: carismático, inspiracional, intelectual, relacional
Escuela: transformacional, transaccional, adaptativo, ágil
Impacto ético: ético, amoral, manipulador, corrupto
Como puedes ver, no es lo mismo nombrar a tal persona como "líder" a secas, que nombrarlo con apellidos.
El peligro de los “Buenos” apellidos
Ponerle apellido al líder es necesario, pero no suficiente. Podemos seguir en terreno incierto, porque un apellido positivo no es garantía de rectitud.
Un líder puede ser empático… y evitar conversaciones difíciles y necesarias.
Un líder puede ser cercano… y renunciar a la exigencia.
Un líder puede ser carismático… y arrastrar a otros hacia fines cuestionables.
Los atributos, aunque necesarios de explicitar, no garantizan dirección. Solo describen formas, preferencias, competencias y estilos.
Poner apellidos es el primer paso para salir de la ceguera, pero no es el destino final.
Identificar si somos un "líder transformacional" o un "líder orientado a resultados" nos da consciencia, pero nos deja en la puerta de preguntas mucho más profundas:
¿Están nuestros atributos al servicio de la virtud… o son solo herramientas de influencia?
¿Cómo distinguir entre un líder que influye bien y uno que hace el bien mientras influye?
Poner apellidos, para luego discernir cuáles de ellos merecen realmente quedarse, modificarse, forjarse.
Conclusión Provisional
Equipo y Líder son sustancias neutras. Su grandeza o su miseria no habitan en el sustantivo, sino en los atributos, esos accidentes aristotélicos que suelen estar ocultos tras la retórica corporativa. De ahí la necesidad de explicitar.
La invitación es dejar de usar estas palabras como refugios de positividad vacía. La invitación es que no haya ni equipo ni líder sin apellido.
Pregúntate: ¿Qué tipo de equipo? ¿Qué tipo de liderazgo?
Sin embargo, explicitar el apellido no es el destino final. En el caso del liderazgo un apellido bonito (empático, carismático, servidor) no garantiza un liderazgo “justo”.
Poner apellidos es un acto de honestidad que nos permite ver la realidad de lo que estamos describiendo, explicitando. Sin embargo, el apellido solo nos dice cómo caminamos, no hacia dónde.
No basta con tomar consciencia del cómo lideras. Empieza a importar desde y hacia dónde lideras.
La pregunta ética sigue ahí, intacta.
Continuará…