La "Bien Intencionada" Empatía, pero...
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Publicado originalmente el 07.06.24
¿Nos podemos, realmente, poner en el lugar del otro?
El Dr. Humberto Maturana, lo decía muy clarito
“Ponerse en el lugar del otro” es una frase cliché.
No puedo estar más de acuerdo. Aunque quisiera, yo no sé sus vivencias, sus dolores, su historia, sus esfuerzos, sus victorias ni sus fracasos. ¿Cómo podría yo ponerme en su lugar?
Desde hace un buen tiempo que me venía pasando algo con la empatía como emoción, concepto, y a la vez como acción o conducta. Había algo que me incomodaba, no terminando de “comprar” el llamado generalizado a ser empáticos, a comportarnos empáticamente.
Buscando por ahí y por allá, encontré un libro llamado Against Empathy: The Case for Rational Compassion (Contra la Empatía: El caso de la Compasión Racional), del psicólogo y profesor de la Universidad de Yale, Paul Bloom.
No estaba solo. Al menos había una persona, que habiendo investigado y escrito al respecto, cuestionaba la empatía. Entendiendo que la empatía es la “capacidad” de sentir y experimentar las emociones de otra persona, él se cuestiona si empatizar lleva, necesariamente, a aportar al bienestar de tal persona. De hecho, aprendí de la llamada “Dark Empathy” (Empatía Oscura) que se da en el caso de que alguien capaz de identificar y comprender las emociones de otro, dada tal comprensión, la use para manipular o sacar provecho mal intencionado, con fines absolutamente egoísta. En este caso extremo, este sujeto puede estar siendo efectivamente empático, sin embargo, no aporta nada al bienestar de la otra persona, sino más bien, hace todo lo contrario, la daña. O sea, el ser empático con Juan, no garantiza, necesariamente, bienestar para Juan.
Volviendo al Sr. Bloom, en términos generales él plantea que la empatía tiene sesgos importantes de parcialidad, ya que somos más empáticos con nuestros cercanos, con quienes nos identificamos, con los grupos y comunidades a las que pertenecemos. Ejemplos hay muchos. Nacionalidad, raza, creencias religiosas, posiciones políticas, parentesco, hinchas de equipos de fútbol, etc. En las empresas, “obvio que empatizo más con mi gente de ventas que con los descriteriados de crédito o los desordenados de logística”. Dado esto, ¿podemos sentir empatía por todos por igual? Está difícil. Ahondando en las posibles consecuencias de esta empatía discrecional, la parcialidad puede llevar fácilmente a la inequidad, pudiendo tomarse decisiones sesgadas e injustas. Todo ello basado en la empatía.
Es decir, la empatía vista desde esta perspectiva puede ser una guía moral que puede llevar sin duda al bien, como también a comportamientos no justos, reñidos con la ética. Sentir empatía, ser empático, por tanto, no es bueno ni malo. El tema es qué hacemos con ese sentir.
Daniel Goleman (autor de la Inteligencia Emocional) describe la empatía como una triada:
Empatía Emocional – Capacidad de sentir lo que la otra persona siente
Empatía Cognitiva – Capacidad de entender la perspectiva de la otra persona (distinto de comprender, ya que puedo no compartir tal perspectiva)
Interés o Preocupación Empática – Capacidad de entender, discernir que necesita la otra persona
Si bien, Paul Bloom está en contra de la empatía, propone una alternativa distinta, complementaria: la Compasión Racional. ¿Racional? Sí, racional, más allá de la “mala prensa” que la racionalidad tiene hoy en día. Él considera que de la triada de Goleman, la empatía (tal cual es concebida por la mayoría de la gente) se relaciona principalmente con la empatía emocional. Capacidad de sentir como el otro está sintiendo.
Veamos. Mi hijo universitario llega rabioso porque le fue mal en una clase y, más encima tuvo un intercambio de opiniones con el profesor que no fue muy calmo, lo que a su rabia le sumó un estado de ansiedad no menor. En mi rol de padre, a mi hijo le sirve muy poco que yo empatice y me contagie con su rabia y con su ansiedad. Lo que le sirve es que yo entre a una empatía cognitiva, en la que pueda entender el contexto en que se dio tal situación, validando racionalmente lo que él siente, pero definitivamente no contagiándome de su rabia ni ansiedad. Para ayudar a alguien, muchas veces, nos debemos distanciar emocionalmente de ese alguien. Todos quienes trabajamos en procesos de transformación personal debemos tener esto meridianamente claro.
El tema, a mi juicio, es que lograr tanto la empatía emocional como la cognitiva, sin hacer nada más que ser empático, no sirve de mucho. Incluso si consideramos el tercer ámbito de la triada, la preocupación o interés empático. La empatía, por definición, está llena de buenas intenciones (ni siquiera metiéndonos en la empatía oscura), pero no necesariamente lleva a la acción. Lo que sea que lleve a la acción ya no es empatía... es otra cosa. Bloom plantea que es compasión.
La compasión hace que nos preocupemos y ocupemos de otros, no necesariamente sintiendo lo que la otra persona está sintiendo. La racionalidad aporta a analizar, reflexionar en el cómo ayudar a este ser humano, sin sintonizar con su emoción que a veces puede estar desbordada.
Brené Brown en su libro “Atlas of the Heart” invita a una mirada, a mi juicio, complementaria. Ella cuestiona el porqué medio mundo está tratando de responder esta pregunta:
“¿Cuál es la forma más efectiva para estar conectado y sirviendo a alguien que no lo está pasando bien, sin tomarnos su situación como si fuese la nuestra?”
Desde allí, define la compasión como la práctica que reconoce y acepta nuestra humanidad compartida, tratándonos a nosotros mismos y a otros con bondad amorosa y tomando acciones para enfrentar el sufrimiento. Es decir, la compasión busca enfrentar la necesidad y sufrimiento de otro a través de un entendimiento relacional y una acción congruente asociada.
La compasión lleva, sí o sí, acción incluida. La empatía… no necesariamente.
Miradas de Paul Bloom & Brené Brown
Lo que diferencia la mirada de Brown con Bloom, a mi juicio, es que ella ve la empatía como un paso anterior a la compasión. De hecho, define la empatía como una herramienta para la compasión. Es decir, está re-difícil ser compasivo si antes no has sido empático. Para ello, al igual que Bloom, pone foco en la empatía cognitiva. Lo relevante, plantea Brown, es entender el sentimiento en que está la otra persona, no sentir tal sentimiento por él o ella. Desde esta mirada, empatía y compasión son complementarias, hacen una buena dupla.
Sin embargo, el “lugar común” sigue siendo la empatía. ¿Quién habla de compasión en las organizaciones? De hecho, hay quienes sienten que ser compasivo con alguien denotaría algún grado de sensación de superioridad moral, de asimetría de poder. Te invito a hacer un ejercicio de escucha, registrando las veces que escuchas la palabra empatía (sobre todo en las empresas) versus la palabra compasión. Me surgen un par de preguntas.
¿Será que los veganos son compasivos más que sólo empáticos? Si tienen consciencia del sufrimiento de otro ser vivo, no les basta con “ponerse en su lugar". Van y hacen algo, por poco que sea, pero lo hacen. Van y actúan.
¿Será que Chile (dados nuestras constantes catástrofes naturales) somos un país compasivo? Ante el sufrimiento de otros... actuamos.
Hace unos días, subí el capítulo 11 de mi podcast en Spotify de Hombres Valientes & Vulnerables. En este capítulo, llamado “Nosotros le Llamaremos – La Vulnerabilidad de estar Cesante” (parte 1) relato lo que significó para mi estar más de medio año desempleado, y cómo le “pegó” a mi autoestima y a mi vulnerabilidad. Reflexionaba, en retrospectiva, que mientras estuve cesante por tanto tiempo, si hubo amigos y conocidos que empatizaron conmigo, la firme, nunca lo supe. A quienes hemos estado cesante o quienes hoy lo están, la empatía puede estar muy bien intencionada, sin embargo, no sirve de mucho, sino se le suma acción… compasión.
Nuevamente presento el modelo de las distintas formas de convivir que tenemos los seres humanos. Ya nos paseamos por la tolerancia, y hoy por la empatía y la compasión. En el futuro hablaré sobre la legitimación.
Termino con esta frase de Brené Brown:
“Necesitamos disipar el mito de que la empatía es "caminar en los zapatos de otra persona". En lugar de caminar en tus zapatos, necesito aprender a escuchar la historia que cuentas sobre cómo es estar en tus zapatos y creerte incluso cuando no coincida con mis experiencias.”
Comprendido aquello, puedo actuar desde la compasión ¿Qué tal si vamos más allá de la empatía? ¿Qué tal si nos comenzamos a volver más compasivos?
Abrazos, Adolfo